30 de abril de 2010

Desvergonzada y Brutal...


Recóndita, callada, desvergonzada, brutal, surge como espuma, devorándose a las criaturas, las hipnotiza, las seduce, las mata por unas horas, las hace caer en un trance profundo, mientras ella se desarma, se desnuda, entregándose a la luna, se penetran, convergen en uno solo, llegan hasta los precipicios de sus mentes, clamando no ser despiertas de nuevo por el sol.

En la obscuridad la luna refleja mi sombra que baila el canto de los grillos, mirando al rio, las rocas tornasoles distorsionan mi rostro pálido y crudo, mi cuerpo toma la esencia de esa agua de media noche y las pequeñas gotas azotadas en las rocas se dejan caer sobre mi ser, mi mirada se hace abismal, se acopla con los filamentos de mi cabeza y me exhibo sola y tenebrosa de entre las luces que adornan la bóveda celeste inquietas y alegres, que no paran de ulular.

La noche nos aparta, nos hace atestiguar su afición por las estrellas, ellas parpadean a lo lejos adivinando su destino sabiendo ya de cuestas secretos que guardan desde aquel día en el que aparecieron, en la tierra los seres de belleza cromática que escogen como escenario el pálido reflejo de luna le danzan adorándola, entregándosele otra vez, reflejándose en los ojos de aquellas personas ilusionadas, que les piden un deseo, se entrelazan sus miradas que como espejos se rompen en el encuentro y dejan brotar lagrimas de esperanza.

Vela nuestros sueños, adormece, hace que nos alojemos en otros mundos, donde ya se cocinan nuestros caprichos más vánales, los más despreciables y podridos, sin color, sin sabor y sin olor, solo vemos una imagen en blanco y negro formada por representaciones derramadas de calumnias y asustando la fruición, repitiendo el ritual todos los días hasta de nuevo ser destrozada por el sol.

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